Como hemos intentado explicar en un post anterior, el montaje -o la edición- se divide en cuatro partes:
- Montaje Narrativo
- Montaje Descriptivo
- Montaje RÃtmico
- Montaje Poético
Intentaremos ahora hacer “visible” la dimensión poética del montaje, dado que, en rigor, la enorme mayorÃa de las pelÃculas alguna vez rodadas se atienen al lenguaje hollywoodense, el cual, por lo demás, siempre ha intentado ocultar cualquier efecto de montaje.
Pues entonces, comencemos por aquÃ: hacer visible el montaje quiere decir hacer visible el hecho de que se trata de una construcción de lenguaje; cuando, en el contexto hollywoodense la máquina audiovisual -tanto como la máquina fotográfica- son instrumentos de conocimiento cuyas raÃces se hunden muy profundo en la tradición positivista. Y entendemos por positivista aquella concepción conforme a la cual la relación dada entre un sujeto cognoscente y su objeto no existe ningún obstáculo, de modo que el conocimiento que resulta de esa relación entre sujeto y objeto es inmediata, transparente, clara y distinta.
Pero, ¿existe, en una relación asà planteada, la Ãnfima posibilidad de que exista una percepción poética? No. Si bien existen una enorme cantidad de ideas acerca de lo que la poesÃa sea, podemos decir que no puede haber poesÃa donde no hay una distancia (entre sujeto y objeto) tal, que para el sujeto no sea posible abarcar con su percepción el objeto, al menos no de manera completa…
Respecto del montaje cinematográfico ¿cómo se verifica esta “posición”?
Pues la manera más fácil de detectar cuando la dimensión poética del montaje está activada es -ya lo hemos dicho- cuando aparecen rupturas espacio-temporales. El espectador no puede unir todas las partes de una pelÃcula, al menos no puede hacerlo con la contundencia y claridad necesarias como para “llegar a un final concluyente”; este serÃa un final positivista en sentido que el transcurso de las acciones estaban orientadas de acuerdo a un criterio teleológico.
Pero, de acuerdo a lo anterior, podrÃamos pensar que quizá algún policial hollywoodense podrÃa hacerse pasar por poético cuando no termina de revelarlo todo. PodrÃa ser, pero pelÃculas como Memento no son tan comunes. El concepto de poética, estrictamente, consiste en situaciones menores, en el modo en que los planos de una escena se articulan. Allà es donde se verifica el resultado de la yuxtaposición de los planos:
Dada la disposición de los planos ¿nos volvemos realmente conscientes de la existencia de las operaciones de plegado; el montaje, en este caso, puede lograr eso? Porque si nos damos cuenta de la existencia del montaje como tal, podemos decir que el proceso de interpretación positivo, claro y distinto, ha sido desactivado: percibimos el espesor del lenguaje, incluso, quizá, en primer plano y ello ofusca el sentido positivo.
Y, desde ya, el sentido poético es un sentido construido a partir del montaje, y no se trata, meramente, de un modo de plegar planos de un manera más o menos accidentada, sino que cada gesto está motivado por una intención cuya función es producir una determinada asociación de ideas o, al menos, es capaz de sugerir una dinámica de plegado.
Exactamente ése es el montaje poético: percibir el espesor del lenguaje y sus articulaciones y ver que ese lenguaje está escrito de acuerdo a las intenciones de un autor; con distintos objetivos, pero como ejemplo podemos decir: “demostrar la distancia infranqueable que existe entre dos personajes dada su condición última de humanos” -caso en que tal hipotética obra podrÃa, si se dieran algunas condiciones más, alcanzar el estadio de obra de arte, o, al menos, pretender serlo, puesto que es una apuesta importante aceptar el desafÃo de intentar revelar los resortes internos de la condición trágica del hombre, etc.
Y ningún planteo de este tipo podrÃa hacerse desde una perspectiva positivista.
