Orden, duración y frecuencia en la edición.

Estos tres elementos estructurales, orden, duración y frecuencia, se utilizan en el análisis de las estructuras narrativas, en principio, literarias. Pero el cine y el video inevitablemente son también máquinas narrativas.

Para que la edición de video acceda a un nivel superior a la técnica, debe incorporar como herramientas de organización criterios narrativos. Esto no siempre es así, y de ello resultan ediciones que se aproximan más a una especie de género documental en clave videoclip más que a una narrativa.

Cuando iniciamos una edición, tenemos una gran cantidad de segmentos a articular y organizar para lograr un determinado efecto. El orden, la duración de cada uno y la frecuencia de las acciones determinan una arista de la estructura narrativa. La edición hace posible que cada uno de los elementos aparezcan o no, se destaquen o pasen a un segundo plano, de modo que estas variables vienen a ser una especie de dimensión vertical, espesa, no horizontal, como se supone que es la línea temporal.

El transcurso del tiempo aparece como algo lineal, pero el criterio de organización cuyos hilos maneja la edición opera por capas superpuestas, regulando las densidades de sus formas de articulación. El editor debe tener todas las funciones presentes para poder elegir y de esa manera, finalmente, dirigir el curso de la narración, utilizando el orden, la duración y la frecuencia de manera funcional a sus objetivos.

La edición de video profesional supera a la edición amateur, en cuanto utiliza categorías fuertes y relacionales que la llevan a un plano de abstracción difícil; pero esto es necesario porque el proceso de interpretación que los espectadores echan a andar cuando ven un video es así de complejo. Que no se den cuenta conscientemente de esos procesos no quita que haya que elaborar y organizar muchos criterios, incluso, como artistas, porque la narrativa de la edición puede ser un arte.

La cuestión clave es que la edición de video demanda un esfuerzo muy importante en cuanto a las opciones que comporta; porque al cabo de un momento de reflexión y puesta sobre la mesa de la cantidad y la sutileza de los recursos con que contamos para organizar la edición de video, pues se hace evidente que no puede nunca ser tan sencillo como lo que aparenta.

Y la diferencia es demasiado notable cuando este tipo de enfoques no ha sido puesto en funcionamiento. Los pliegues no están motivados por un sistema de relaciones ordenado y claramente intencionado -que debe ser planteado de manera integral desde el principio de la edición-.

 

 

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